domingo, marzo 01, 2015
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Eran años de confusión. El liberalismo infiltrado en la Iglesia atacaba fuerte. Su voz se imponía en las sacristías. Interpretaciones sesgadas del Concilio Vaticano II parecían darle la razón. Los carlistas nos veíamos solos, abandonados. Nuestras anteriores fórmulas eran debeladas. No ya la conocida Unidad Católica. La misma confesionalidad del estado era negada. Cierto que los tiempos y, con ellos, la sociedad habían cambiado. No podíamos mantener las formulaciones jurídicas de un siglo atrás.

En esa confusión salió una voz contundente: ¡NADA SIN DIOS! Era el grito de quien se acoge a la última trinchera, seguro que de ella nada ni nadie le pueden desalojar. En efecto: por mucho que el liberalismo católico se estruje la mente, jamás se atreverá a combatir el ¡NADA SIN DIOS! Sería despojarse del disfraz con que, con tanto cuidado, oculta sus verdaderas intenciones.

Dios existe. Ha creado al hombre como ser social y le ha dado unas leyes para que viva en sociedad. Más aún se ha hecho Hombre para redimirnos y  ser para nosotros Camino, Verdad y Vida.

Eso es objeto de nuestra Fe que, por desgracia, no todos comparten. Eso es una realidad aunque sean muchos los que no creen en ella. Y como realidad, no es racional vivir a espaldas de ella.

De la Redención se han derivado muchos bienes a la humanidad. Incluso en el orden natural. No podemos prescindir de ellos. No queremos que se priven de ellos los que no han tenido la suerte de ver la Verdad.

Su Santidad el Papa nos lo ha dicho bien claro en su Encíclica “Lumen Fidei”: ¿Seremos en cambio nosotros los que tendremos reparo en llamar a Dios nuestros Dios? ¿Seremos capaces de no confesarlo en nuestra vida pública, de no proponer la grandeza de la vida común que Él hace posible? La Fe ilumina la vida en sociedad.  

El lema del laicismo imperante es el contrario: “todo sin Dios”. Y lo  van consiguiendo a la vez que España se acerca más a su ruina: paro, hambre, inmoralidad, latrocinios institucionalizados… Es lo que impera cuando se va cumpliendo el plan de los que hoy triunfan y se rebelan contra Dios.

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