martes, diciembre 09, 2014
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por Carlos Ibáñez Quintana

Conviene recordar y aclarar un concepto que es fundamental en la doctrina tradicionalista: Dios no designa los gobernantes, es la sociedad la que lo hace. El poder de Dios se concreta en la persona designada. De modo que los votos determinan quien, pero no dan poder, que viene de Dios. Esta es la doctrina que León XIII expuso en la Encíclica “Libertas”.

Los carlistas nos hemos mantenido fieles a una Dinastía que venía designada por las leyes sucesorias  de España. Y hemos obedecido a nuestros Reyes conscientes de que habían recibido el poder de Dios.

La orfandad de monarca nos obligó a organizarnos en 1986 y dotarnos de un órgano de autoridad: la Junta de Gobierno. Acordamos el procedimiento de su elección. Pero con nuestros votos no otorgamos el poder a la misma. No podemos dar lo que no tenemos. El poder viene de Dios sobre las personas que hemos designado con nuestros votos.

Una vez que hemos decidido integrarnos en la CTC para trabajara por el Reinado Social de Cristo en España, estamos obligados a obedecer a la Junta que hemos elegido. Y es una obligación que tenemos ante Dios. Si no lo aceptamos así es que mentimos al proclamarnos carlistas.

Cuando el gobernante se excede en sus funciones y manda algo que va contra la doctrina en que se basa su derecho a gobernar, cabe el recurso al “se obedece pero no se cumple”. En nuestra historia se han dado muchos casos. Pero en el cuarto de siglo que la CTC existe no se ha dado ningún caso en que esa postura de desobediencia estuviera justificada. Ha habido decisiones equivocadas. Pero todas ellas han sido motivadas por un deseo de servir mejor a la Causa.

Además, el desempeño de los cargos supone numerosos sacrificios para quienes forman parte de la Junta de Gobierno y de las demás Juntas de la Comunión. La desobediencia a sus mandatos supone cargar más aún esos sacrificios.

En el fondo de toda desobediencia yace la soberbia. El ponerse a sí mismo por encima de los demás. Es una reproducción del pecado del Paraíso. Es hacer lo mismo que los liberales. Pero con la diferencia a favor de éstos, que ellos lo proclaman como doctrina mientras que nosotros proclamamos lo contrario y hacemos lo mismo que ellos.

Un mayor cuidado en obedecer a los cargos de la Comunión nos hará más carlistas en nuestra conducta y más eficaces como organización.

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