sábado, diciembre 13, 2014
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por David Calavia

En su último libro el escritor Manuel Martorell sostiene como tesis principal la posibilidad de haber solucionado los desafíos planteados por los separatismos vasco y catalán en el caso de que Franco hubiese optado por elegir como sucesor suyo al frente de la jefatura del Estado a Carlos Hugo de Borbón y su opción “federalista”, en vez de Juan Carlos de Borbón. Si bien es cierto que el carlismo siempre ha defendido la vía foral para la vertebración de España, ésta puede coincidir en algunos puntos pero no es simétrica al federalismo carloshugista.

Además el autor olvida que el federalismo carloshugista no solo encierra una forma de organizar territorialmente la nación, sino que incluye un barniz cripto-marxista  bajo la fórmula de “socialismo autogestionario” anejo e inseparable a su propuesta federalista. Precisamente no es casual que la masonería, el liberalismo y la extrema izquierda hayan defendido desde el siglo XIX la vía “federal” y no la foral para vertebrar territorialmente España. Por otra parte, el sistema de organización territorial implantado en España durante la etapa juancarlista denominado “Estado Autonómico” en realidad es un sistema cuasi federal encubierto.


Presentación de Carlos Hugo en Montejurra en 1957, 
fotografía que ilustra la portada del último libro de Manuel Martorell

La verdad es que resulta un tanto infantil y panfilista considerar que los nacionalismos periféricos vasco, catalán, gallego y algún otro todavía hoy marginales como el asturiano, aragonés, extremeño, leones o andaluz, por el mero hecho de organizar territorialmente España bajo el sistema federal vayan a abandonar sus reivindicaciones independentistas. Los nacionalismos periféricos o separatismos nunca van a abandonar su fin último; la independencia. Con un Estado central, autonómico, foral, federal, cuasi federal o semipensionista, jamás abandonarán sus objetivos últimos, y sino que se lo pregunten a Sabino Arana allá donde éste, a Arzalluz, Pujol, Otegui, Mas, Junqueras, Piqué, Guardiola y compañía. El odio a España unido al interés meramente económico y la corrupción y no la forma de organización del Estado es lo que subyace en la ideología separatista.

La organización territorial del Estado debe acometerse con independencia de las reivindicaciones de los partidos y organizaciones separatistas, las cuales nunca se verán colmadas salvo con la cesión completa a su objetivo último, que no es otro que la “ruptura y separación completa de la madre patria”. De sobra es conocido que el carlismo siempre ha defendido la vía foral como fórmula de vertebración territorial de España, casi doscientos años de lucha lo atestiguan.

La única forma de solucionar el reto político que suponen los separatismos no es otro que a través de la “batalla de las ideas”, es decir, la educación y la cultura, así como desde el terreno económico e incluso judicial. Tan acostumbrados nos tienen los separatistas al adoctrinamiento mas burdo como al bochornoso espectáculo de los cargos públicos separatistas saltándose la ley, tan de moda últimamente en tierras catalanas. Al fin de cuentas, con los “recursos” económicos e institucionales de “todos” llevan cuarenta años adoctrinando a las poblaciones de determinados territorios contra sus hermanos y contra la madre patria, con la complicidad por acción o por omisión de quienes deberían hacer algo tan sencillo como imponer legal y judicialmente la aplicación de las leyes que ellos mismos aprueban con sus “mayorías” en las Cortes Generales.

Por último, resulta cuanto menos llamativo el intento cada vez mayor por parte de escritores e intelectuales afectos al sistema de rehabilitar la figura de Carlos Hugo y su “federalismo socialista autogestionario”. La realidad acaba superando la ficción, por lo que, no sería de extrañar, a la luz de los acontecimientos, que sea precisamente durante el “reinado” de Felipe VI se acabe implantando en España en un futuro no muy lejano una monarquía “federal (que no foral), socialista y autogestionaria”, con la inestimable ayuda de los neomarxistas con coleta que piden paso a sus mentores neoliberales, los cuales, llevan cuarenta años abonando el terreno para que al final el sueño carloshugista se haga realidad.

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