jueves, noviembre 20, 2014
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por Fernando de Rojas

Desde la Transición la industria española ha ido desapareciendo. No es nada extraño que lo haya hecho la siderurgia integral. En la misma Alemania, el Ruhr ha perdido su primitiva importancia. Conocidísimas plantas han tenido que cerrar.

Pero no todo es siderurgia integral. En España habíamos llegado a ocupar un puesto importante en la fabricación de bicicletas y motos. Desaparecieron de las carreteras las “Montesa” y las “Bultaco”. Desaparecieron los camiones Pegaso que décadas antes mandaban en las carreteras polacas. Hasta los cochecitos de niños ostentan hoy marcas extranjeras. Han hundido nuestra industria.

Está en proceso de retroceso nuestra agricultura. Cuotas por dejar tierras baldías y topes a la producción por todas partes. Se cerraron las fábricas de abonos, que hay que comprar a precios más altos en el exterior.

¿Qué nos queda? El turismo. Y al turismo nos agarramos como a un clavo ardiendo. Pero el turismo sólo da trabajo a camareros (servicios durante en día) y meretrices (diversión por la noche).

Detengámonos en el oficio más viejo.

Ya hace algún tiempo el consistorio bilbaíno se preocupó por dotar de espacio para la ubicación de lugares de expansión sin que los vecinos se sintieran molestos. En los comentarios que se hicieron en la prensa, había una referencia a la necesidad de proporcionar a los turistas una diversión complementaria.

Recientemente nuestros economistas han decidido incorporar al PIB las cantidades que mueve la prostitución.

Por su parte, los más difundidos diarios de España, incluyen en sus páginas las ofertas de carne fresca para tal fin.

Está adquiriendo tal importancia social, reflejada en su aceptación oficial, que no nos extrañaría ver que nuestras autoridades educativas incluyeran entre los módulos de FP, uno que diera a sus egresados/ egresadas, el diploma correspondiente, certificando su preparación para satisfacer los impulsos de la pareja. De hacerlo, hacerlo bien.

Es indudable que la habilidad de quien se ofrece, es fundamental para sacar el dinero al cliente. Si de obtener beneficios de trata, que sean los más altos posibles .Así aumentará el PIB. Hay que darles la formación adecuada.

Incluso, ascendiendo a niveles superiores, se podían establecer masteres para las “madames”. La Celestina, el drama de Calixto y Melibea, joya de nuestra literatura, nos presenta a una de ellas que hace alarde de unos conocimientos de las pasiones humanas, que podrían ser objeto de una enseñanza académica. No en vano en el Quijote se dice que el de “alcahuete es oficio de discretos y necesarísimo en toda república bien organizada”.

Se regularía la profesión. Se extenderían facturas por los servicios. El Estado, que ya ha incluido la actividad en el PIB, podría percibir el IVA correspondiente, participando en las ganancias de la hetaira. Así se oficializaría en la profesión de “macarra”, que, por lo visto, es la que mejor le va.

Todo ello vendría favorecido por la educación que ya se está dando a los niños. Lo que se les enseña a hacer para disfrutar de su cuerpo ¿por qué no hacerlo para ganarse la vida? Si se les ha cerrado el camino de la industria, se les cierra el de la agricultura, de algo tienen que vivir.

Rompamos con los prejuicios sociales que nos impiden el progreso. Imitemos a los franceses, que denominan “menage a trois”, a lo que nosotros llamamos “cuernos” y lo consideramos como un deshonor. Así nos incorporaremos del todo a Europa. Incluso nos pondremos por delante. Demostremos que a demócratas nadie nos gana.

Escrito lo que antecede, me ha venido a la memoria el fracasado proyecto de Eurovegas. Se trataba de instalar en las cercanías de Madrid un antro de corrupción. La derecha gobernante en la Autonomía estaba dispuesta a dar todas las facilidades para su ejecución. El motivo: iba a crear muchos puestos de trabajo. En la misma línea que los otros hechos que menciono y que demuestran la degeneración a la que nos ha llevado la democracia.

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