miércoles, julio 30, 2014
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por Manuel Morillo y José Bustinza

Los extranjeros se sitúan por encima de las familias (26,1%) y como los principales controladores de la Bolsa española.



Tal como informa Bolsas y Mercados Españoles (BME), la empresa gestora de la bolsa española, la participación de los hogares  es de sólo el 26,1%, mientras que los inversores no residentes (los extranjeros) se mantienen como los principales propietarios con un 40,1%. El gráfico de Libre Mercado muestra el progresivo aumento del control de la Bolsa española por extranjeros.


*** Análisis de José Bustinza ***

Dos noticias me han hecho pensar hoy. Una de ellas, lo reconozco, no debería dejarnos dormir. Es esta: “Los extranjeros poseen el 40,1% de la Bolsa española, por encima de las familias, 26,1%, y son su principales controladores”

¿No es aterrador?

No parece, por este dato, que podamos mirar al futuro con optimismo, pues a pesar del esfuerzo de quienes se dedican a atraer capital extranjero y su visible éxito, las cifras de desempleo españolas y el estancamiento económico son de récord.

En alguna ocasión me he manifestado sorprendido de la obsesión con la “titularidad legal” de las cosas, punto de encuentro y de disputa entre derechas e izquierdas. Es que a uno todavía se le atragantan las nociones de privado y público y no traga con que “privado” es aquello con lo que uno se comporta como dictador o reyezuelo y “público”, aquello cuyo dictador y reyezuelo es oficial. Qué cómodo aquel mundo en el que había lo propio y lo común y todo ello gobernado en la misma dirección.

Hoy la dirección es el interés y en esto no hay nación, color ni credo. La combinación de beneficio y su seguridad es lo que atrae. ¿Así que el 40,1% de los beneficios de la bolsa española son para extranjeros? Que se anden con cuidado, que también las pérdidas.

He leído también -esta es la segunda noticia- que por una diferencia de cinco euros la unidad hemos decidido (las decisiones de los reyezuelos públicos se conjugan en primera persona) comprar un porrón de espadas en China lo que ha provocado un daño a su competidor toledano, habitual proveedor. Aunque en casa aprendí aquello de “militares tampoco me gustan, que a veces me asustan con el espadín”, reconozco que siendo sólo un adorno para sus paseos y no una amenaza como sucedió en nuestro siglo diecinueve, siglo de espadones y espadazos, el gasto parece justificado. No así la calidad de la transacción que daña nuestro propio tejido productivo.

Pensando en todo esto estaba, cuando decidí bajar al garaje a saludar a mi coche, hecho en Corea, que después de seis años ya es mío. Sí, este mes de julio acabé de pagar mi auto coreano. Me entretuve dándole vueltas a porqué Corea del Sur -¿he dicho ya que mi coche es coreano?- que tuvo un desarrollo muy similar a España en los años 60, continuó su senda de crecimiento mientras que nosotros nos estancamos y aún retrocedimos.

¿Alguien tiene alguna pista?


José Bustinza es delegado de Economía Familiar de la CTC

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