martes, abril 05, 2016
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Don Carlos Javier y doña Ana María
por Nicolás Pastor Maggio

Hace poco tuve la oportunidad de asistir a mis primeros ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola con el P.Cano, de la Sociedad Misionera de Cristo Rey. Personalmente fue una experiencia que cambió en muchos sentidos mi concepto de criterio cristiano -entre otros temas más personales- ayudándome a madurar espiritualmente y a comprender cuál es el verdadero significado de la caridad: Amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a mí mismo.

Durante los días pasados en Vilafranca del Penedés, entre meditaciones y pláticas, el P.Cano también encontró un momento para hacernos una serie de reflexiones sobre cómo debería ser la vida pública de los católicos que sintieran vocación política y de aquellos que están llamados a gobernarnos. A resumidas cuentas, nos enseñó que la caridad debía ser la virtud cristiana más presente entre todos ellos. Y así, casi involuntariamente, fui aplicando todo cuanto nos exponía nuestro sacerdote al tema que últimamente más había rondando por mi cabeza: la cuestión real y don Carlos Javier.

En un principio acogí la figura de don Carlos Javier con mucho interés, cariño y esperanza; especialmente después de su encuentro con los jóvenes tradicionalistas de Madrid y las buenas impresiones que había causado entre muchos de los asistentes, gente con mucha formación y tan partidarios de la monarquía tradicional como yo.

Desgraciadamente pronto empezaron las desilusiones. Nos encontramos con una España rota, herida espiritual y socialmente, con un umbral de pobreza preocupante y con millones de familias sin sustentos cuyo único apoyo es Caritas y la Iglesia. Una España que está siendo troceada por los nacionalismos secesionistas, donde ya existe un claro germen de discordia civil, donde la Iglesia está siendo perseguida y arrinconada por los poderes públicos mientras animan a la secularización. Una Patria que está siendo corrompida por los partidos políticos, que en vez de defender al pueblo y procurar su bien, se dedican a amasar fortuna y a crear feudos a costa de demoler lo que queda de nosotros. El liberalismo se ha afianzado en España y no tardaremos en verla desfallecer en pos del europeísmo masónico.

¿Y qué dice don Carlos Javier de todo esto? La ambigüedad de sus comunicados ha sido desde entonces notoria, el vocabulario liberal y los conceptos defendidos en muchos casos, revolucionarios. Nos habla de Montejurra, del ecologismo, de la defensa de la cultura democrática, califica de voluntad ''regenerativa'' los resultados de las elecciones europeas en España, nos habla de la libertad a la francesa, de la autogestión global y de las persecuciones durante el Franquismo.

A nadie le ha pasado desapercibida la reivindicación pública que ha hecho en sus (escasos) comunicados de los derechos humanos y del proyecto de la Europa central, algo realmente preocupante  pues ambos son de origen e intención masónica. Cabe recordar que los derechos humanos defienden la ''soberanía nacional'' proclamada en la revolución francesa y el europeísmo entendido como la supuesta tendencia de crear un ente supranacional europeo viene a ser la hoja de ruta del Nuevo Orden Mundial. Y si a todo esto le sumamos la casualidad de que en alguna ocasión el Rotary a promocionado (especialmente en Cataluña) alguno de sus coloquios y que su abuelo materno fuera el cofundador del Rotary Internacional y del Club Bildelberg, nos debería dar mucho de que pensar.

Pero, sin irnos por las ramas, todos estos discursos están bien y pueden ser muy agradables si se dirigen a un sector liberal, pero nosotros ni somos socialdemócratas ni democristianos, nosotros como carlistas ante todo somos católicos y sabemos ver en sus repetidas reivindicaciones el foco de muchos de los problemas actuales. ¡Ojalá hubiera empleado una cuarta parte del tiempo tomado para hablar del ecologismo para animarnos a no desfallecer como católicos en la vida política! O, aun más importante, para recordarnos que nuestros pasos deben de estar siempre encaminados a instaurar el Reinado Social de Cristo...

En los pasados ejercicios espirituales me enseñaron que tenemos que ''amar'' a todo aquello que nos lleve a Dios, que nos santifique o nos ayude a santificar la sociedad -porque la Patria es una virtud cristiana- y que hay que evitar todo ''amor'' desordenado que no nos conduzca a ello. Así pues, nosotros tenemos que ''amar'' a nuestro Rey, ¡porque somos monárquicos!, pero siempre que se demuestre explícitamente como una verdadera herramienta del Señor, para la causa de Dios, de España Tradicional y del Bien Común.

Se podría dar el caso de que todos los comunicados que hemos leído no fueran escritos por don Carlos Javier o que simplemente los firmara, pero esto nunca debería -si así fuera-  entenderse como una justificación, sino al revés, como un agravante porque los Pueblos de las Españas se merecen a un Rey  que se desviva por ellos y que dé todo cuanto pueda en pos de quienes estamos dispuestos a seguirle hasta la última consecuencia.

Probablemente don Carlos Javier tenga otras preocupaciones como bien pueden ser los intereses de la familia real holandesa, su trabajo en la banca, el bienestar familiar o su posición como Duque de Parma, pero, como decía Madre Teresa de Calcuta sobre la caridad: Da hasta que duela y cuando duela da todavía más.

Nosotros como católicos queremos un Rey con virtudes cristianas, porque para todo lo demás ya tenemos a políticos de sobra.

El cariño siempre queda, pues don Carlos Javier es heredero de la dinastía carlista, pero la lealtad y la esperanza siempre tienen que estar con aquel que defienda la causa Cristo Rey, sin tibiezas, con contundencia, como bien lo hicieron los Reyes de nuestros mayores. 

5 comentarios:

  1. El Rey legítimo es S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, no este liberal vendido al N.O.M. para mayor gloria de la judería internacional. Hace tiempo que este individuo perdió la legitmidad de ejercicio.

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    1. Este artículo trata de introducir un punto de vista en este debate. No lo estropee usted con datos falsos (don Sixto no pretende ser rey, sino "abanderado de la Tradición") ni frikadas sin fundamento.

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    2. El abanderado de la tradición es el rey, siempre fue así, desde luego ha demostrado ser un príncipe más digno que Carlos Javier.

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  2. Si es el rey, ¿por qué le dáis el tratamiento de Alteza, en vez de el de Majestad? Don Sixto es el primero en reconocer a su sobrino, pero vuestra cabezonería no os deja ver más allá.

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    1. Don Sixto jamás ha reconocido como rey a Carlos Javier, ha esperado a que sus sobrinos cambiarán su posición política pero visto lo visto parece imposible.

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