sábado, mayo 30, 2015
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Juan Antonio Darder Colom, médico de familia


“¡Hay que volver a las raíces!” es una frase que se escucha con frecuencia en ciertos círculos sociales, con la sana intención de que hay que recuperar determinados valores cívicos y éticos que se consideran básicos para la convivencia. Es obvio, y nadie duda, que hoy vivimos en una sociedad con un marcado sentido egocéntrico y con muy poco interés por lo ajeno a nuestra conveniencia. Podemos ver a diario que buena parte de la sociedad, no respeta a las personas mayores, por ejemplo, cediéndoles el paso por la acera o el asiento en el autobús. Hoy podemos ver que buena parte de la sociedad ha perdido el trato amable y educado para con los demás. Hoy podemos ver como buena parte de la sociedad ha perdido el concepto estructurado y tradicional de familia, porque jamás ha convivido con los abuelos y/o bien tiene varios padres; “el biológico”, el “compañero sentimental de su madre”, “el padre de su hermano”, etc. Hoy, buena parte de la sociedad, no se escandaliza por nada; ni por una criminalidad galopante, ni por los malos tratos, ni por la frivolidad ante temas de gran calado bioético como el aborto, etc. Hoy, buena parte de la sociedad, ve como “cosas normales de juventud”, el desmesurado consumo de alcohol entre jóvenes, así como todo tipo de drogas o una irresponsable promiscuidad que ha disparado las enfermedades de transmisión sexual… Por todo ello, algunos bienintencionados recurren a la solución de abogar para “volver a las raíces”, como solución y freno a tanto desquiciamiento. Sin embargo, estos bienintencionados obvian una realidad y verdad intangibles: Los troncos talados no tienen raíces.


La sociedad española hoy es un árbol talado. Es obvio que “para volver a las raíces”, tienes que tener raíces, y también es obvio que en toda sociedad hay una realidad social y biológica que se impone de manera inexorable: Unas personas mueren y otras nacen; las que mueren se llevan consigo todo su bagaje cultural aprendido e interiorizado, y las que nacen, culturalmente hablando, son como un odre vacío que esta por llenar… Aquí radica el problema; hoy se ha roto el hilo conductor que concatenaba una generación con otra, legando una ancestral herencia cultural. En las últimas décadas, una auténtica obra de “ingeniería social” ha trasmudado toda nuestra escala de valores, y los “odres” de las nuevas generaciones no se han llenado con los valores tradicionales ancestrales sino con un relativismo de conveniencias y egoísmos… No podemos retornar a las raíces porque las raíces fueron arrancadas de cuajo; solo hay un camino: volver a sembrar.

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