sábado, mayo 16, 2015
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El dos de mayo, hombres de palabra

por Miguel Bernáldez

El 2 de mayo de 1808, se dio en Madrid un hecho histórico que marcaría la Historia de España hasta nuestros días aunque, bien es cierto que era algo que se venía fraguando desde bastante tiempo antes. Todos sabemos con mayor o menor detalle lo que ocurrió aquel día en Madrid pero, me gustaría resaltar un hecho que al menos, no deja de ser llamativo. Me refiero al hecho de que en plena refriega, cuando el pueblo de Madrid estaba batiéndose el cobre con el francés, en la Cárcel Real se encontraban recluidos ese día, cincuenta y seis presos. Y estos solicitaron bajo palabra, salir a luchar contra el invasor bajo promesa de regresar. Las autoridades de la Cárcel, accedieron a la petición y, lo más sorprendente para la mentalidad de los españoles de doscientos años después, es que regresaron. De los cincuenta y seis presos, sesenta y uno regresaron al finalizar la jornada, ocho murieron y tres acabaron gravemente heridos. Sólo a uno se le dio por desaparecido, pienso que seguramente sería uno de esos fusilados del tres de mayo pintados por Goya, un ilustrado que por supuesto no participó en los enfrentamientos con el francés.

Este hecho que hoy muchos  no entienden, que les deja perplejos y les hace pensar que los delincuentes de hace doscientos años eran tontos, era visto como algo natural en la España de 1808, en la España tradicional aun no contaminada de liberalismo. La prueba está en que las autoridades carcelarias accedieron a su petición confiando en la palabra de unos delincuentes.

Yo veo en este comportamiento dos actitudes que no imagino en el español de hoy en día tan sumergido en la mentalidad liberal del momento.

Lo primero que llama la atención es que, alguien que se encuentra preso, al enterarse de lo que estaba ocurriendo en Madrid aquel día, en vez de quedarse en la cárcel, saliera a jugarse la vida por su patria, sabiendo que su paga no sería otra que la de volver a la prisión cuando todo hubiera acabado, si es que seguía vivo. ¿Quién hoy en día se comportaría de semejante manera? No hablo ya de delincuentes que, algo habrían hecho contra la sociedad para estar en esa situación, sino de personas normales, de muchos que hablan y presumen de su amor a la patria o simplemente de aquellos que predican colaborar por el bien común o en beneficio de la comunidad. No creo que fueran muchos. Y no me considero necesariamente pesimista.

 ¿Qué se les habría perdido a esos cincuenta y seis enemigos de la sociedad en aquellas peligrosísimas calles de Madrid aquel día, sino su amor a España y a los españoles, aquellos mismos  españoles que los tenían encerrados?

Pero donde me gustaría hacer mayor hincapié es en el cumplimiento de la palabra dada que les suponía su vuelta a prisión, pudiendo haber aprovechado la confusión general para haber escapado faltando a su palabra que en un presidiario no se presume que pudiera tenerla. Y sin embargo la cumplieron y sus carceleros confiaron en ello. Eran presidiarios, es cierto pero, tenían en mucho su palabra. Eran presidiarios pero, eran gente de honor. Verdaderamente este es un episodio que le hubiera venido muy bien a Calderón de la Barca como motivo de una de sus muchas comedias con el honor como tema de fondo.

Han pasado poco más de doscientos años de aquella memorable jornada y, no puedo por menos de recordar las últimas elecciones generales que han tenido lugar en España, donde el dirigente de unos de los partidos políticos,  el Partido Popular sin ir más lejos, alzó como bandera principal de su campaña política el no subir más los impuestos a los que nos tenía sometido el gobierno del anterior Presidente de Gobierno. Pues le faltó tiempo en cuanto ganó las elecciones y fue investido como nuevo Presidente, para subir los impuestos. No cumplió su palabra. Alegó como excusa que no sabía la situación tan mala en que el Gobierno anterior había dejado a la economía española. De esto se pueden sacar dos conclusiones:

1ª Era tonto, porque eso era algo que sabíamos el resto de los españoles, y por tanto estamos gobernados por un tonto, el más tonto de los tontos que hay en España.

2ª Lo sabía pero, dijo lo contrario: Era un cínico, mintió porque sí sabía cómo estaba la economía de España pero, tenía que mentir para ganar un puñado de votos.

Los hay pesimistas y piensan que en esta persona concurren juntas las dos circunstancias. Yo me abstengo de abrazar tanto pesimismo, que cada cual escoja cuál de las tres circunstancias es la acertada.

De todo esto, sin embargo, yo saco la conclusión de que un presidiario de hace doscientos años tenía más palabra que el Presidente del Gobierno de la España de hogaño. Creo que en la España tradicional no manchada por ideas liberales hasta los delincuentes sabían lo que era el honor y procuraban defenderlo hasta en el patíbulo. Y hoy pienso que son pocos los que conocen el honor ni intentan defender el suyo y respetar el ajeno. Y por lo tanto no podemos esperar menos del Jefe de un partido, liberal hasta los tuétanos como el P.P. Estamos gobernados por gente sin honor, sin palabra y que son capaces de cualquier cosa no ya para escapar de la cárcel, sino para conseguir un puñado de votos y exprimir a los compatriotas hasta donde haga falta. Digo mal, no somos sus compatriotas pues, esa es otra cosa que ignoran, la Patria, no tienen más patria que su partido, al menos mientras les conceda un cargo desde el que medrar. Y lo que digo del Jefe del P.P., lo puedo decir de los demás partidos pues, todos ellos han salido de la matriz liberal acuñada en la Constitución que padecemos y que según nos dicen, nos hemos dado nosotros mismos.

Este año o quizá el que viene, volveremos a tener elecciones generales de la misma manera que volverán las oscuras golondrinas y los políticos de los partidos del momento, volverán a pedirnos su voto, petición adobada con múltiples mentiras, con promesas que no cumplirán. Yo lo tengo claro, antes le daría mi voto a un patibulario de 1808 que a ninguno de esos políticos sin palabra.

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