miércoles, septiembre 04, 2013
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por Nicolás de Saracho

En “El Correo Español” de Bilbao, número correspondiente al 28-7-2013, se publica un artículo titulado “La Hora de los Independientes”. Hace un repaso de los municipios vizcaínos en los que existe una representación de concejales independientes. En alguno de ellos relata cómo se gestaron tales grupos: el vecindario estaba harto de los partidos al uso que no resolvían sus problemas y no faltaron quienes dieron el paso adelante. Hay ayuntamientos que llevan varias legislaturas regidos por independientes.

En la actualidad son 29 los municipios que cuentan con una representación mayor o menor de independientes, con un total de 114 concejales. Trece municipios tienen alcalde independiente.

Según el citado diario “los grupos sopesan seriamente unirse bajo un único nombre y concurrir a las elecciones forales que se celebrarán en 2015”.

La noticia nos ha alegrado. Independientemente de sus ideas políticas de los, que suponemos de lo más variadas, los componentes de los grupos han coincidido en una decisión en la que estamos de acuerdo los carlistas: los problemas municipales no tienen nada que ver con las ideologías que alimentan los partidos políticos. Los concejales tienen que ser personas enraizadas en los pueblos y amantes de los mismos, conocedores de sus problemas y dispuestos a sacrificarse por los mismos.

La noticia es un motivo de esperanza para quienes nos mantenemos en el Carlismo porque estamos convencidos de que sus doctrinas y soluciones están de acuerdo con la naturaleza humana y el sentido común. Eso de que distintos grupos, sin conexión entre ellos, hayan llegado a lo que el Carlismo defiende, es algo que nos reconforta.

Se nos replicará que son independientes, no carlistas. No importa. Yo los veo más cerca del Carlismo que a aquellos que en otro tiempo, titulándose carlistas, aceptaban la invitación de los Gobernadores Civiles, para ocupar concejalías. Aquí es más importante el contenido del frasco que la etiqueta. Y aquel contiene uno de nuestros genuinos principios, mientras que en otras ocasiones con nuestra etiqueta se hacía política ajena a nuestras aspiraciones.

Que nadie piense que nuestra crítica anterior es general y absoluta. En el pasado régimen y por el procedimiento digital, fueron designados muchos ediles y alcaldes que desempeñaron sus cargos con eficacia, desinterés y espíritu de sacrificio. Que prestigiaron al Carlismo que profesaban por su comportamiento ciudadano.

Desde estas líneas deseamos los mayores éxitos a los independientes. Que estamos seguros los lograrán si son consecuentes con la línea política iniciada y no se dejan contaminar por las corrupciones a que el sistema democrático se presta.

Si el éxito les acompaña en esta primera incursión el siguiente paso sería que procurasen una reforma de las elecciones forales. Hay que tener en cuenta que las Juntas Generales de Vizcaya, eran reuniones de los representantes de los municipios. El sistema actual de elección de los junteros es una falsificación de lo foral. Falsificación por la que pasó el PNV por exigencias del PSOE. Esperamos, por ello, que los independientes impulsen una reforma que sería volver a lo auténtico: que las Juntas Generales se constituyan con apoderados de los pueblos, de todos y cada uno. Y como el nombre de apoderados indica, gocen de “poderes” otorgados por sus respectivos ayuntamientos y estén sometidos al “mandato imperativo”.

Ello sería un triunfo, no de nuestro “partido”, sino de uno de los principios que en el Carlismo defendemos. Que es lo importante.

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