domingo, agosto 02, 2015
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Pérez-Reverte, escritor y periodista
Una Historia de España… sin manipulación

por Diego Hernández-Yllán Pérez

El desinformado manipulador Sr. (?) Pérez Reverte al que llaman algunos escritor ha defecado un intento de artículo en el Semanal con el título "Una historia de España (XLVIII)" en el que, con un afán desmesurado, rabioso y feroz miente y manipula descaradamente sobre una época de la historia de España que comprende las guerras carlistas.

Su inicio es ya de juzgado de guardia y yo animo a quien pueda a emprender las oportunas acciones legales que merece. Nada menos que este abyecto personaje (que, efectivamente tal como titula su columna tiene una incomprensible y grandiosa patente de corso) osa decir que la quinta guerra carlista del s. XX es el terrorismo de ETA. Es denunciable y abofeteable si viviéramos en los grandes tiempos del duelo.

Continúa su libelo afirmando que los partidarios del pretendiente (aquí resbala como tantos, era reclamante pues pese a quien le pese era el Rey legítimo) eran los que estaban "hasta el cimbel de que los crujieran a impuestos". Dejando atrás esa expresión tan poco culta para alguien que se cree el nuevo Cervantes redivivo, es una falsedad en toda regla. Entiendo que usted no admita el idealismo de los que salieron a jugarse el bigote por un ideal incardinado en la raíz más profunda del ser español, pero así fue, le guste o no. Habla de privilegios forales, cayendo en el error también de tantos, pues fueros no equivale a privilegio, sino a uso, costumbre, tradición, enraizada y reconocida por los reyes de la monarquía hispánica. Y no existían únicamente en el norte de España como aviesamente cita.

Que el movimiento insurreccional arraigó sobre todo en el medio rural es cierto, pero no por que fueran campesinos analfabetos como dice este sujeto. El movimiento carlista fue eminentemente popular, de gentes de raigambre profundamente católica y española, muchos de ellos se habían batido el cobre ya en la guerra contra el francés al mismo grito de Dios, Patria, Rey y no hacían más que luchar contra las ideas extranjeras y extranjerizantes que trajeron los franceses y que algunos traidores y renegados hicieron suyas saltándose a la torera siglos de historia y la propia ley entonces vigente.

¿Curas trabucaires? Por supuesto que sí, pero ¿por qué no explica la razón de su existencia? Se alzaron al ver la persecución a la Iglesia por parte de esos tolerantes (y demócratas diríamos hoy) liberales que se dedicaron a matar frailes ya desde el trienio liberal y a robar (porque no tiene otro nombre) propiedades a la Iglesia con la infame desamortización. ¿Tiene sentido su indignación y su militancia antiliberal?  Pues dígalo, hombre de Dios.

Citar a los escritores más furibundamente anticarlistas que han existido seguramente nunca como Pío Baroja o Galdós es hacer trampa. ¿Por qué no cita  D. Ramón María de Valle-Inclán. o a Dña. Emilia Pardo Bazán, o a Jose Maria de Iparaguirre? ¡Ah! No, que esos hablaban bien del carlismo...

Apoyándose en ellos critica la "finura ideológica" del Carlismo. Le podría explicar que el Carlismo no es ninguna ideología, pero no creo que esté a su altura. Si le diré que es un corpus doctrinal que se fue puliendo y consolidando con los años (no hay más que leer el Manifiesto de los Persas que dudo haya leído) gracias a los pensadores más lúcidos y españolísimos que haya dado el S. XIX  y XX español. A los nombre de los tradicionalistas no carlistas Menéndez Pelayo, Donoso Cortés o Jaime Balmes, se añadieron los tradicionalistas ya carlistas Aparisi Guijarro, Vázquez de Mella (al que alguna imbécil quiere quitar el nombre de una plaza de Madrid), Víctor Pradera (asesinado en el 36 por defender a España sin que los peneuvistas de entonces, esos que dice este iluminado son los herederos del Carlismo, movieran un solo dedo), Elías de Tejada, Álvaro d´Ors, Rafael Gambra o en la actualidad Miguel Ayuso, entre otros. ¿Cómo se puede tener la caradura de presentar al Carlismo como una suerte de bárbaros sin pensamiento sedientos de sangre?

Presenta a los liberales como los partidarios de la modernidad, del progreso social, etc. etc. ¿Modernidad el asesinato masivo de frailes ya desde 1823 (y no desde 1936 como algunos ignorantes creen)? ¿Modernidad el saqueo que significó la desamortización de bienes eclesiásticos, el "mayor latrocinio de la historia" en frase de Menéndez Pelayo? ¿Modernidad el centralismo atroz que provocó el nacimiento de los nacionalismos separatistas hasta nuestros días? ¿Progreso social la creación de una nueva clase social, el proletariado, que dió como consecuencia la aparición del Socialismo y el Anarquismo?

Acusa a los carlistas de meapilas y clericales. Pero, ¿No hemos quedado en que sus partidarios eran curas trabucaires? ¿Clericales, cuando el propio autor del escrito difamatorio reconoce que las altas jerarquías de la Iglesia estaban con el liberalismo? ¿Qué galimatías es este? Ni meapilas ni clericales, católicos orgullosos de serlo, coherentes y consecuentes con su Fe. Con sus errores, por supuesto, como humanos que eran. No hay nadie perfecto.

Alejándose del binomio Carlismo-Liberalismo este abyecto personaje describe a lo que él llama "la vieja España" como la de "la violencia, la delación, el odio, y la represalia infame". Pero qué clase de historia de España ha leído usted, señor mío, ¿La de la Leyenda Negra? Como veo que anda corto de lecturas le recomiendo el libro de Manuel García Morente (al que, supongo, conocerá) "Idea de la Hispanidad", en el que, haciendo un recorrido por el histórico genio hispánico, define al español como "Caballero Cristiano", absolutamente alejado de la Leyenda Negra que usted parece adorar.

Que hubo violencias en la guerra por supuesto, no conozco ninguna en la que se regalen caramelos. Pero, como se suele decir, hay clases. La violencia liberal fue brutal, atroz, desmesurada, no hay más que ver el fusilamiento de la anciana madre del General Cabrera. La violencia carlista fue en muchas ocasiones respuesta a la exagerada violencia liberal.

Acusa a ambos bandos de querer el poder para establecer "un despotismo hipócrita que sometiera a los españoles a los mismos caciques de toda la vida", también de trincones, mangantes, etc. etc. Entiendo que es difícil para un apesebrado como el autor entender lo que es el idealismo, pero sólo le diré una cosa, la época de más y mayor caciquismo que se recuerda fue en el sistema liberal de la Restauración, bien definida por Joaquín Costa como Caciquismo y Oligarquía. Una época muy parecida a la actual, por cierto. Liberal, claro.

Las dos citas finales del acérrimo anticarlista Pío Baroja no merecen mayor comentario. Pero sí quisiera volver al principio, cuando nos quiere vender la Cruzada del 36 como la cuarta guerra carlista. Aquí peca de ignorancia, pero como es de buen cristiano enseñar al que no sabe lo diré que los requetés salieron al campo de batalla en defensa de Dios y de España. Punto. Lo que pudiera haber de "partidismo" quedó absolutamente al margen, como sabe cualquiera que esté un poco ducho en la materia. Este hecho lo prueba el que el Carlismo siempre se consideró el vencido entre los vencedores.

Finalmente y para no alargarme más porque no merece la pena, esa acusación poco menos que de etarras si tuviera dignidad y gallardía la retiraría de inmediato. 

Fe, lealtad, nobleza... caracterizan a los carlistas.
Cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau


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